#5 Retratos de RD: mi primer documental producido.

Este proyecto no nació como una estrategia. Nació desde el corazón.

Retratos de RD comenzó con una necesidad muy personal: tener un recuerdo vivo de mi abuela. Documentar su historia para que no se perdiera con el tiempo, para que su vida quedara registrada más allá de la memoria familiar.

Con el proceso entendí algo importante: una historia bien contada puede convertirse en enseñanza. Y fue ahí cuando decidí que no sería una sola historia, sino cinco. Cinco relatos completamente distintos, sin conexión directa entre sí, pero unidos por algo más profundo: el propósito.

El momento en que entendí que somos un ratito

Hubo un punto muy claro donde todo hizo sentido. Un momento donde entendí que estamos aquí por poco tiempo.

Sentí que la historia de mi abuela no solo merecía ser recordada, sino compartida. Su vida es una historia de superación, de aprendizaje, de humanidad. Y si podía tocar a alguien más allá de nuestra familia, entonces el documental tenía razón de existir.

Cuando una idea no puede quedarse en la cabeza

Lo que me hizo ejecutar el proyecto fue precisamente eso: saber que el tiempo no espera.

Claro que hubo dudas. Pensé en la cantidad de historias que existen en el mundo, en cuántas personas podrían enseñarnos algo con solo escucharlas. Pero lejos de detenerme, eso me impulsó.

Este fue mi primer documental producido, dirigido en otro país y con pocos recursos. No era el escenario perfecto, pero la motivación era mayor que cualquier limitación.

Desde el momento en que la idea llegó, siempre estuve positivo de que se iba a realizar.

De director a productor: el peso real

Soy una persona sumamente exigente cuando se trata de mis conceptos. Al no tener respaldo externo en este documental, tomé una decisión clara: hacerlo como fuera necesario, incluso si tenía que hacerlo solo.

Pero algo hermoso ocurrió. Tan pronto mencioné el concepto, mis guerreros dijeron sí, sin pensarlo. ¡Gracias a cada uno de ustedes se hizo posible!

Producir este proyecto trajo una responsabilidad real: trabajar con equipo personal en lugares desconocidos, sin garantías, improvisando y resolviendo sobre la marcha, cuidando tanto al equipo como a la visión.

La presión siempre estuvo presente. La presión de que el resultado se pareciera a lo que tenía en mi cabeza. Hubo presión en locaciones donde entramos sin seguridad, sin conocer el terreno, confiando en la intuición y en el equipo.

Quería control creativo, sí. Siempre escucho sugerencias, pero necesito que tengan una razón y una intención clara. El concepto es la guía.

Y como todo proyecto personal, el estrés fue real. Porque cuando trabajas con el corazón, no hay espacio para hacerlo a medias.

El momento más difícil

El reto más fuerte llegó en la postproducción.

Editar la historia de mi abuela fue un choque emocional. Verla desde el punto de vista de nieto y de director al mismo tiempo fue algo que no esperaba. Durante varios días abría la computadora, entraba al proyecto y, al comenzar a montar la historia, me invadía una mezcla de orgullo y tristeza que me acompañó por un tiempo.

Hubo otros retos importantes que pocas veces se mencionan. Tuve que aprender a trabajar de lleno con un programa que no dominaba al 100%.

No fue una transición cómoda. Fue decidir, sin medias tintas, meterme de lleno en una herramienta nueva y resolver el proyecto completo desde ahí. No como ejercicio ni como prueba, sino como responsabilidad real. Aprendí en el proceso, equivocándome, ajustando, volviendo atrás y avanzando otra vez.

Ese momento me recordó algo esencial del cine y de la creación: muchas veces no se trata de saberlo todo antes de empezar, sino de tener la disposición de aprender mientras construyes.

A eso se sumaron obstáculos técnicos reales. Una de las historias no se pudo realizar como estaba planificada y tuvimos que improvisar otra dentro del tiempo estipulado. Incluso tuve que viajar a Miami para comprar otra computadora, ya que la que tenía no soportaba el peso del material ni la cantidad de contenido con el que estábamos trabajando.

Todo eso también es parte del cine.

Cuando supe que esto ya era cine

El punto de quiebre llegó cuando entendí que cada historia me estaba enseñando algo. Aunque el equipo era pequeño (apenas cuatro personas), el proyecto se acercó muchísimo a lo que tenía en la mente.

Para mí, fue cine desde el momento en que todo se creó desde cero: las historias, la iluminación, el enfoque técnico, la narrativa y hasta el “score”, que fue compuesto específicamente para cada relato, respetando el sentimiento de cada uno.

De ese mismo proceso nació el score de Retratos de República Dominicana.
Cada pieza fue compuesta para acompañar una historia específica, no como música de fondo, sino como una extensión emocional de cada relato. Son sonidos que respiran el mismo silencio, el mismo peso y la misma humanidad que las imágenes.
Hoy ese score vive por separado y está disponible en todas las plataformas, para quien quiera volver a entrar a esos mundos esta vez solo a través del sonido y sentir el proyecto desde otro lugar.

Ahí confirmé que no se necesita un gran equipo para hacer cine. Se necesita intención.

Lo que cambió en mí

Retratos de RD no cambió la forma en que veo el cine. Me confirmó algo que ya sabía: contar historias con propósito es mi propósito.

Aprendí que una historia sin propósito solo es información. Cuando existe propósito, la historia se convierte en experiencia.

El impacto

Este es uno de mis proyectos favoritos. No importa cuántos proyectos lleguen en el futuro ni el alcance/éxito que tengan. Este documental cuenta la historia de una persona que amo y amaré toda la vida, y eso lo hace irremplazable.

La selección de historias siempre fue consciente. Cada una tenía un motivo especial. Desde la historia de una persona que trabaja el barro un arte que hoy casi no se ve y que lamentablemente desaparecerá hasta cada relato que guarda una enseñanza distinta.

Participar en festivales y ser seleccionados fue una experiencia enriquecedora. Viajar a Nueva York y formar parte del Dominican Film Festival, donde fuimos ganadores de Best Feature Film, fue un honor. Además, el proyecto tuvo la oportunidad de ser proyectado en uno de los cines que fue renovado recientemente. Ver Retratos de RD en una sala de cine, en un espacio pensado para la experiencia colectiva, fue especial. No por el lugar en sí, sino por lo que representa: una historia íntima, nacida desde lo personal, encontrando espacio en una pantalla grande, compartida con el público.

Ese momento reafirmó algo importante para mí: estas historias merecen ser vistas con tiempo, con atención y con respeto, como se vive el cine.

Pero no hago proyectos para ganar premios. Creo proyectos con propósito. Los premios, si llegan, son parte del proceso.

La respuesta del público confirmó lo más importante: el mensaje llegó y sigue llegando. Cada persona se sigue llevando una enseñanza, y eso era el verdadero objetivo.

Conexión con todo lo que hago hoy

Retratos de RD conecta con proyectos como Siluetas Rotas porque todos parten del mismo lugar: el propósito y el mensaje.

Hoy dirijo buscando inspirar confianza. Soy exigente, pero fluyo con el equipo. Explico, escucho, comparto ideas y creo en el trabajo colectivo, en un grupo de personas apasionadas por crear una pieza que valga la pena.

Como mencioné en el primer blog:
“No busco la toma perfecta. Busco la toma que haga que alguien se quede pensando después de que la pantalla se apague.”

De Retratos de RD nació algo más grande.

Este proyecto no se quedó en una sola serie documental. A partir de esta experiencia nació el concepto Retratos de, una serie documental pensada para continuar creciendo y viajando por el mundo, contando historias humanas desde distintos lugares, culturas y realidades.

La intención es la misma: documentar vidas que merecen ser recordadas, historias que enseñan, que inspiran y que conectan desde lo más honesto. Cada “Retrato” es una oportunidad de preservar memoria, identidad y propósito a través del cine.

Para quienes quieran conocer más sobre esta visión y el camino que está tomando la serie, en www.retratosde.com se puede encontrar toda la información sobre el concepto, los proyectos realizados y lo que viene próximamente.

Dentro de esta plataforma también existe un espacio para quienes deseen aportar al crecimiento de la serie. Cada contribución ayuda a que Retratos de pueda seguir levantándose, viajando y documentando historias que, de otra forma, podrían perderse con el tiempo. Para quienes quieran formar parte de ese proceso, hemos creado un GoFundMe como una vía directa para seguir impulsando esta serie documental y permitir que más historias continúen siendo contadas.

Más que apoyo, es formar parte de un proyecto que busca dejar constancia de lo humano, una historia a la vez.

Un mensaje para quien está dudando

Si tienes un proyecto personal, hazlo. Con lo que tengas. Desde donde estés. Durante mucho tiempo pensé que sin el equipo ideal no podía hacerlo. Hoy sé que la historia vale más que la calidad técnica. La calidad se ve. La historia se siente.


VER DOCUMENTAL AQUI:

RETRATOS DE RD

Esto es construcción de legado, no contenido.

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