#8 Cuando 2.4 millones de personas esperan que empiece el show.
Cómo desarrollamos el intro audiovisual para la última gira de Aventura.
Hay un momento en cada concierto donde todavía no ha sonado una sola canción.
Las luces siguen apagadas.
El escenario permanece vacío.
Miles de personas miran la pantalla esperando que ocurra algo.
Y, durante unos segundos, toda la energía de la noche depende de una sola pieza audiovisual.
No del artista.
No de la música.
Del silencio.
Ese fue el proyecto que tuvimos la oportunidad de crear para la última gira de Aventura.
Una pieza que no solo debía anunciar el comienzo del concierto. Tenía que preparar emocionalmente a más de 2.4 millones de personas para vivir uno de los regresos más importantes en la historia de la bachata.
Y esa responsabilidad empieza mucho antes de encender una cámara.
Todo comenzó con una llamada.
La oportunidad llegó nuevamente de la mano de Alexis (Altoons), con quien he tenido la fortuna de colaborar en distintos proyectos durante los últimos años.
Siempre hemos compartido una forma muy parecida de crear. Nos gusta cuestionarlo todo, llevar las ideas más allá de lo obvio y construir conceptos desde cero.
Ya anteriormente habíamos trabajado juntos en proyectos con Romeo Santos (del cual hablo en el Blog #7), pero esta vez el reto era completamente diferente.
No era un videoclip.
No era una campaña.
Era el regreso del grupo que marcó una generación completa y que convirtió la bachata en un fenómeno mundial.
La idea nació en conjunto con Romeo Santos.
La historia debía comenzar con una reunión inesperada que anunciara algo que millones de personas llevaban años esperando: el regreso de Aventura.
Desde el principio nos dieron libertad creativa para desarrollar el concepto.
Y para mí eso siempre representa una enorme responsabilidad.
Porque cuando alguien confía completamente en tu visión, ya no basta con hacer algo bonito.
Hay que crear algo que permanezca.
La primera emoción de la noche.
Recuerdo perfectamente nuestra primera reunión creativa.
Probablemente es una de las etapas que más disfruto de cualquier proyecto.
El brainstorming.
Ese momento donde todavía no existe una sola toma, pero ya empiezas a imaginar cómo se va a sentir la historia.
No hablábamos de cámaras.
No hablábamos de lentes.
Hablábamos de emociones.
Queríamos que el público sintiera historia.
Intriga.
Tensión.
Expectativa.
Euforia.
Nuestro objetivo era que, desde el primer segundo en que apareciera la pantalla, todo el estadio entendiera que estaba a punto de vivir algo irrepetible.
Porque un intro no solo presenta un concierto.
Un buen intro cambia la energía de un estadio completo.
No estábamos creando un video.
Estábamos construyendo el inicio de un momento histórico.
Este intro representaba mucho más que el regreso de una agrupación.
Representaba el reencuentro de millones de personas con una parte de su vida.
Las canciones de Aventura no pertenecen únicamente a una generación.
Han pasado de padres a hijos.
Han cruzado países.
Han acompañado historias de amor, despedidas y recuerdos durante décadas.
Eso fue precisamente nuestra mayor inspiración.
No queríamos contar únicamente el regreso de cuatro artistas.
Queríamos contar el peso de su historia.
Y la emoción colectiva de volver a verlos juntos por última vez.
Crear sin mirar a los demás.
Una decisión que tomamos desde el principio fue no buscar referencias.
No porque no existieran grandes trabajos.
Sino porque queríamos evitar contaminar la idea.
Cuando empiezas observando demasiado lo que hicieron otros, corres el riesgo de resolver problemas que nunca fueron tuyos.
Preferimos comenzar desde una hoja completamente en blanco.
Nuestra única referencia debía ser la historia de Aventura.
Nada más.
Las ideas crecieron sin límites.
Como suele pasar cuando trabajas con un equipo con el que ya existe confianza creativa, cada propuesta llevaba a otra todavía más ambiciosa.
Pero llega un momento donde todo concepto necesita aterrizar.
Y ahí comienza el verdadero trabajo.
La producción.
Una vez aprobado el concepto, todo ocurrió extremadamente rápido.
Teníamos menos de una semana para preparar la producción completa.
Preproducción.
Storyboard.
Shot list.
Arte.
Logística.
Todo debía estar listo en cuestión de días.
La producción se realizó en Miami, donde se encontraba el grupo.
Y como ocurre en la mayoría de mis proyectos, además de dirigir, me involucré profundamente en toda la parte visual.
Siempre he creído que la cámara también cuenta historias.
En este proyecto decidí trabajar con una ARRI Mini LF junto a uno de mis juegos de lentes favoritos: los Tribe7 Blackwing7.
Para mí no existe una cámara perfecta.
Existe la cámara correcta para la historia correcta.
Y esa combinación tenía exactamente el carácter que quería transmitir.
Tres horas menos.
Todo estaba planificado.
Cada plano.
Cada movimiento.
Cada diálogo.
Hasta que, minutos antes de comenzar el rodaje, todo cambió.
Romeo comenzó a modificar gran parte del diálogo. No porque estaba malo, si no, que creativamente nos pusimos a seguir desarrollándola.
Y al mismo tiempo recibimos la noticia de que el tiempo disponible para filmar se reducía en aproximadamente tres horas.
Tres horas menos.
En una producción de este tamaño eso cambia absolutamente todo.
El reto ya no era solo hacer una buena pieza.
El reto era terminar todo el shooting planificado sin sacrificar una sola escena.
Recuerdo detenerme unos minutos, reunir a todos los jefes de departamento y reorganizar completamente la estrategia.
No había espacio para entrar en pánico.
Solo para ejecutar.
Si observan en el del detrás de cámaras, aparece un momento donde llevo puestos unos audífonos mientras dirijo.
No era casualidad.
Como gran parte del diálogo había cambiado minutos antes del rodaje, necesitaba monitorear constantemente cada línea mientras dirigía la escena, verificaba actuaciones, supervisaba cámara y mantenía el ritmo de producción.
Fue uno de esos días donde literalmente estás resolviendo diez cosas al mismo tiempo.
Y justamente ahí es donde realmente conoces a tu equipo.
Cuando el equipo entiende la misión.
Hay algo que siempre intento construir antes de cualquier rodaje.
Confianza.
Porque cuando llegan momentos como ese, nadie pregunta qué hacer.
Simplemente sucede.
Cada departamento entendió perfectamente el nuevo ritmo.
Todos asumieron responsabilidades adicionales.
Y gracias a esa sincronía logramos terminar exactamente la pieza que imaginábamos desde el primer día.
La postproducción.
Cuando regresamos comenzó otra etapa igual de importante.
La edición.
El color.
El diseño sonoro.
Y especialmente la música.
Desde el principio defendí una idea.
Esto no podía sentirse como un simple video proyectado antes del concierto.
Tenía que sentirse como el comienzo de una experiencia.
Por eso insistí en que el instrumental debía componerse completamente desde cero.
Cada golpe.
Cada silencio.
Cada crescendo.
Todo estaba pensado para aumentar la tensión del público hasta el momento exacto donde las luces se apagaran.
Los cambios fueron mínimos.
El concepto permaneció prácticamente intacto desde la primera versión.
Y finalmente fue aprobado.
La llave.
Hay un detalle que muy pocas personas conocen.
La llave que aparece durante el intro no existía.
Se diseño y fabrico exclusivamente para este proyecto.
Era una pieza completamente personalizada.
Porque esa llave no solo abría un cofre.
Abría el concierto.
Cuando el intro terminaba, el grupo aparecía en el escenario.
Caminaban hacia el cofre.
Lo abrían frente a miles de personas.
Tomaban sus instrumentos.
Y exactamente en ese instante...
Comenzaba el espectáculo.
Todo estaba conectado.
La narrativa no terminaba en la pantalla.
Continuaba en el escenario.
Y eso era precisamente lo que buscábamos desde el primer día.
Lo que aprendí.
Después de un proyecto como este mucha gente pregunta qué cambió.
La realidad es que no me cambió.
Me confirmó algo.
Me confirmó que siempre hay que estar preparado.
Que los mejores planes pueden cambiar minutos antes de filmar.
Que un buen equipo vale mucho más que cualquier cámara.
Y que la creatividad no desaparece cuando aparece la presión.
Al contrario.
Ahí es donde realmente se pone a prueba.
En conclusión.
A veces una pieza audiovisual dura apenas unos minutos.
Pero puede quedarse para siempre en la memoria de millones de personas.
Eso fue exactamente lo que significó este proyecto para mí.
No porque fuera el regreso de Aventura.
No porque fueran estadios llenos.
Sino porque tuve la oportunidad de aportar una pequeña parte de mi visión a un momento que ya forma parte de la historia de la música latina.
Y cada vez confirmo más una idea que intento aplicar en todos mis proyectos:
No se trata de crear videos. Se trata de crear momentos que las personas nunca olviden.